Colombia hizo lo que históricamente siempre le había resultado complicado, sacar la chapa de mejor equipo en el partido definitivo y gritar campeón en suelo ajeno.
Cuando siempre se ha estado acostumbrado a ver ganar a otros, cuando la tradición ha sentenciado que el objetivo es estar a la sombra de los llamados grandes, se hace difícil resetear la mente para creer que ese lugar de privilegio puede cambiar de nombre y que también puede estar reservado para Colombia. Mucho más grande es el desafío cuando tienes que pensar en ser el mejor jugando fuera de casa, teniendo en cuenta que por más de seis décadas el fútbol de tu país jamás grito campeón sí el título, llámese como se llame, se disputó en tierra ajena.
Anoche en Mendoza (Argentina), la tierra de los bicampeones mundiales a nivel de mayores y seis veces ganadores del mundial sub 20 - hablando de aquellos que llevan en su chip el ser los mejores - Colombia cambió la historia y por primera vez gritó campeón de un torneo oficial a nivel de selecciones jugando lejos de su territorio.
De los reparos en varios frentes a nivel táctico y técnico de este equipo se escribió en entradas anteriores, porque los hay. Pero es justo que este espacio sea dedicado exclusivamente a resaltar un logro enorme e inédito para el fútbol de nuestro país, merito única y exclusivamente de un grupo de muchachos que pusieron durante todo el torneo y mucho más en el partido definitivo, ese que corona al mejor de todos, garra, fútbol y corazón, guiados desde lo anímico y lo mental por un cuerpo técnico que más allá del manejo en algunos partidos, tiene todo el reconocimiento y agradecimiento departe de la afición futbolística colombiana.
A lo largo de la historia del fútbol, aquellos privilegiados que han llegado a ser campeones, generalmente se han coronado mostrando el mejor fútbol, teniendo los mejores jugadores y superando línea por línea a sus rivales. Pero cuando por algún motivo esos factores no han acompañado el juego, esos equipos han echado mano de la mentalidad, la garra, el corazón y la decisión.
Fue eso lo que anoche mostraron en cada jugada los once pelaos que "Picis" Restrepo mandó a la cancha con el único objetivo de ganar, en la actitud de cada uno se notaba que no saltaron al terreno de juego con el tradicional conformismo de haber logrado el objetivo mínimo, esta vez se creyeron mejores que el rival y así lo demostraron.
En lo personal, hasta anoche envidié a los uruguayos y a los argentinos porque en cada torneo nos demostraban que cuando el fútbol no los acompañaba, ahí estaba la garra para ganarnos y en muchas ocasiones dejarnos con las manos vacías a punta de amor propio. Pero anoche estos muchachitos nos dejaron claro que en el fútbol como en la vida las cosas cambian y que este campeonato sudamericano puede ser el puntapié inicial de una generación que no solo tiene nivel, sino espíritu de campeón para traernos de aquí en adelante inmensas alegrías por cuenta del balmpié colombiano.
Gracias.
Por Javier Carbonell
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