Para llegar a una final, se puede hacer de dos maneras. Millonarios decidió hacerlo siendo el mejor del campeonato y Medellín entendiendo que los partidos se acaban hasta que el árbitro pita.
Hoy se vivió una jornada de fútbol en Colombia con todos los ingredientes para calificarla de dramática. No se pudo dar el nombre del clasificado por cada grupo hasta que los árbitros no dieron por finalizados los encuentros en cada plaza donde hoy se jugó la última fecha de los cuadrangulares.
A primera hora Medellín obtuvo una clasificación absolutamente increíble frente al Itagüí en condición de visitante y en la última jugada del partido. Durante 90 minutos el poderoso de la montaña y las águilas doradas jugaron para Nacional que en el Atanasio Girardot vencía con lo justo a Equidad y se aferraba a un empate en el otro compromiso para conseguir una clasificación que parecía haber perdido el jueves en el clásico paisa.
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| El DIM celebra el gol de la clasificación. |
Pero los dirigidos por Hernán Darío Gómez sabían que sólo necesitaban de una jugada para conseguir la hazaña y el gol llegó a través de la vía que mejor le viene al rojo, la pelota quieta de costado. Y así como se metió entre los ocho mejores en el último partido del todos contra todos, así como le ganó a su eterno rival cuatro de los seis puntos que disputaron en los últimos minutos de cada partido, de igual manera en el último suspiro del duelo definitivo, concretó un tiro de esquina por intermedio de un jovencito de 19 años llamado Ray Vanegas, que pasó de ser un completo desconocido a héroe en un santiamén para desatar la locura en la marea roja que llenó el feudo del Itagüí, para no solamente clasificar a la gran final del fútbol colombiano en busca de conquistar su sexta estrella, sino también dejando con las manos vacías al Atlético Nacional que parecía conseguir el milagro. Pero no, esta vez fue para el DIM y con todos los matices que encierra un gol que no se borrará de la memoria de sus hinchas en muchos años.
A segunda hora Millonarios en medio de un ambiente fantástico, con el estadio Nemesio Camacho El Campín abarrotado, llegaba con la firme convicción de ganar su partido frente al Atlético Junior para clasificarse a la gran final sin necesidad de pensar en el partido que en Pasto disputaban los locales contra el Deportes Tolima. La actitud fue la de siempre, buscar el arco rival, proponer juego ofensivo e imponer condiciones, esa que lo llevó a liderar la tabla de posiciones durante todo el campeonato y que lo traía a este decisivo compromiso con la primera opción de ser finalista.
Las cosas empezaron bien para el cuadro embajador que no sufría sobresaltos en defensa y que promediando la mitad del primer tiempo, veía como el Junior se quedaba con diez hombres después de que Leonardo López en una acción temeraria golpeaba en la cara a Johnny Ramírez y se iba expulsado merecidamente. Casi simultáneamente las buenas noticias llegaban desde el estadio Libertad de Pasto cuando López del Deportes Tolima ponía el primero para el equipo pijao, que ya eliminado le hacía el daño a los del Galeras, que para clasificar sólo les servía ganar su partido y esperar que en Bogotá Millonarios no derrotara al Junior.
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| foto tomada de www.elespectador.com |
Se terminó la primera parte y a Millonarios le bastaba con el empate para ser finalista, el resultado en Pasto le favorecía y Junior no inquietaba el arco de Delgado. Pero los minutos pasaban, el gol no llegaba y un ambiente de nerviosismo se apoderaba de los jugadores azules y de la hinchada que consiente de experiencias como las de Barranquilla el año pasado o más recientemente contra Tigre en Bogotá por la Sudamericana, quería que el equipo resolviera el pleito embocándola en el arco de Viera que en varias oportunidades se puso el traje de bombero para apagar los incendios que Mayer, Cosme, Wason y compañía provocaban en las cinco con cincuenta.
La situación se puso más tensa cuando desde el sur del país llegaba la noticia del gol pastuso faltando 20 minutos para finalizar los dos encuentros, que dejaba a los dirigidos por Flavio Torres a tan solo un gol de la clasificación, el partido de millos ya no se jugaba sólo en el Campín, también se disputaba en Nariño, el cuadro albiazul lo intentaba por arriba, de media distancia y el ansiado gol no llegaba, hasta el horizontal le decía que no a Román Torres que se lanzaba al ataque. La radio indicaba que Antony Silva, el arquero del Tolima, salvaba a su equipo y de paso a Millonarios del segundo del Pasto, todo era nerviosismo en el coloso de la 57.
Junior, que se acordó que tenía que ganar para disputar el título se la jugó y mandó a la cancha a Dayro Moreno que tuvo la más clara de su equipo a pocos minutos del final, pero Delgado la tapó con el pie izquierdo milagrosamente. Minuto 90 en las dos plazas y todo era una ruleta rusa, cinco minutos se adicionaron en Bogotá y cuatro en el estadio La Libertad de Pasto.
Si las matemáticas no fallan tenía que haberse terminado antes el partido disputado en el sur del país, pero algo ocurrió y el pitazo final llegó primero en el Campín, 30 segundos de espera, la respiración contenida por 35 mil almas y por fin, se acabó en Pasto y el ballet azul está en una final , ahora acaricia un título después de 24 años para que se desate la alegría, el júbilo y hasta las lágrimas en los hinchas azules que ahora esperan que el fútbol haga justicia y premie con el título al mejor equipo del semestre, Millonarios.
Para el recuerdo, los últimos minutos de una noche inolvidable para la parcialidad albiazul.
Por Javier Carbonell.
@xaviercarbonell

