No importa que la tabla diga que has hecho mejor campaña, cuando te sientes menos, eso se refleja en la cancha.
Ayer el Atlético de Madrid, a pesar de llegar con ocho puntos de ventaja sobre el Real Madrid, de tener en su haber esta temporada once victorias, un empate y una derrota que lo ubicaba con 34 puntos a tan solo tres del todopoderoso Barcelona, configurando así su mejor inicio de Liga en toda su historia y de contar con el mejor 9 del mundo en cancha, no pudo superar su complejo de inferioridad contra ese equipo al que hace trece años no vence y frente al que ayer en un clásico pálido para los dirigidos por Simeone, sucumbió por un 2 - 0 contundente y que de no ser por el larguero que en dos ocasiones le negó el gol a CR7, fácilmente hubiese terminado en una goleada como las que habitualmente el Madrid le encaja a sus vecinos del barrio Manzanares cada vez que se encuentran, ya sea en el Bernabeu o en el Calderón.
El Atleti, como le dicen sus hinchas, no pudo con el peso de la historia y los fantasmas que lo rodean cada vez que tiene que enfrentar al equipo merengue, pudieron más que la ubicación en la tabla de posiciones y el presente de cada uno. Era la oportunidad perfecta para tomar el relevo y decir presente en la lucha por el título de liga, era la noche ideal para confirmar que la liga era de dos, pero que el segundo en discordia ya no era el Madrid sino el colchonero. Nada de eso ocurrió y como desde 1999, al final de los 90 minutos los que celebraron -como de costumbre- fueron los madridistas, que sobre el terreno de juego confirmaron quién es el único equipo capaz de pelearle de igual a igual al Barsa el título y que demostraron sentirse tan superiores al Atlético como la historia lo confirma.
El equipo de Falcao, al que ayer no le llegó una pelota clara para gol, debe seguir trabajando como lo ha hecho durante el inicio de temporada, seguramente así asegurará entrada a Liga de Campeones para el próximo año y se confirmará como el mejor de los terrestres en una liga donde coexisten dos equipos de otro mundo. Pero algún día tendrá que saltar a la cancha, quitarse el complejo de inferioridad que lo embarga frente a su eterno rival y ganarle, es un proceso largo y como quedó demostrado ayer, se necesita un poco más que buen presente para tumbar la barrera y creerse el cuento.
Cuando te sientes menos, eso se refleja en la cancha.
Por Javier Carbonell
Por Javier Carbonell

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